Daniel Weinstock, Director del Centro de Investigación Ética de la Universidad de Montreal - 2009-11-18
Los gestos y mensajes de las autoridades sanitarias a propósito de la campaña de vacunación contra la gripe H1N1 pueden muy bien sembrar la confusión y suscitar cuestionamientos legítimos en el seno de la población.
Se nos dice por una parte que la vacuna es esencial, puesto que esta gripe puede ser mortal. Pero, en Montreal, aquellos que no pertenecen a una de las categorías oficiales de personas con riesgo tendrán que esperar hasta el 7 de diciembre para ser vacunados. Ahora bien, según ciertos especialistas, es posible que la eficacia de la vacuna recibida entonces sea limitada, dado que la inmunización no se adquiere inmediatamente después de la vacunación, y que el virus está ya entre nosotros…
Se nos dice también que, a la inversa de la gripe estacional, la H1N1 ataca a las personas jóvenes con buena salud. Y, sin embargo, son precisamente estas personas las que serán vacunadas en último lugar…
¿Son verdaderamente los jóvenes los que corren mayor riesgo? Esto es lo que, hace poco, afirmaba vehementemente el doctor Gaétan Barrette [presidente de la Federación de Médicos Especialistas de Quebec] en una emisión de gran escucha. Sin embargo, la documentación oficial de Quebec considera con riesgo las categorías de personas habituales: niños pequeños, ancianos, personas inmunodeficientes, enfermos crónicos, etc.
Hay pues una cierta confusión que, esta vez, no viene – como ciertas autoridades sanitarias nos lo querrían hacer creer – del “exterior”, de los “cow-boys” de Internet que vehiculan cualquier cosa. La confusión proviene del interior, de las declaraciones aparentemente contradictorias del sistema sanitario.
No se trata de condenar a los responsables sanitarios que, en situación de crisis temida, hacen lo que pueden con recursos y tiempo limitados, y con datos de los que todavía se pueden sacar conclusiones contradictorias.
Lo que sí me inquieta es el clima ético e intelectual que numerosos representantes del sistema sanitario instalan en el seno de la población. Está claro que, ante los múltiples mensajes contradictorios que recibe, el ciudadano medio debe mostrarse vigilante y crítico. Por lo demás, en sanidad pública se sabe desde siempre que una población informada y lúcida constituye la mejor protección contra los problemas socio-sanitarios. Y una de las reglas de oro de la ética biomédica es que el estamento médico debe favorecer la información popular. La ética médica exige que se trate a los ciudadanos como adultos. Y es por lo que los médicos tienen la obligación de presentar los aspectos favorables y desfavorables de todo tratamiento sin asustar o intimidar a la población para imponerle su punto de vista.
Las estrategias argumentativas de ciertos representantes del sistema sanitario quebequense no respetan dicha exigencia. A los que cuestionan la utilidad de una campaña de vacunación con argumentos que, en principio, parecen dignos de consideración se les dice que serán responsables de los decesos que ocurrirían si sus razonamientos convencieran a la gente de no vacunarse. Se demoniza a los que hacen preguntas y se les equipara falsamente con los charlatanes que se oponen a la vacunación en toda circunstancia.
Es fundamental que nadie en nuestra sociedad ceda a la tentación de crear un clima de miedo que impida el debate público. A largo plazo, esto sería más pernicioso que la gripe actual.
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[Nota del traductor: La propaganda quebequense y canadiense en torno a la famosa gripe A (H1N1) es probablemente análoga a la de la mayoría de los paises occidentales. Lo que quizás la singulariza es la atmósfera ética que denuncian las líneas de las que aquí presento la traducción libre.]
Traducido para CAS por Luis Carlos Fernández Montes. Quebec